¿POR QUÉ SENTIMOS MIEDO?


Todos los seres humanos hemos sentido miedo alguna vez en nuestra vida. Lo común es experimentar esta sensación que nos invade el cuerpo cuando hay un peligro evidente del cual podemos salir lastimados. Le tememos, por lo general, a la muerte o a cualquier cosa que nos pueda lastimar u ocasionar dolor, así como a lo desconocido. Hay quienes temen a la oscuridad, a las alturas, a los aviones, a los temblores, a las arañas, a ser asaltados, etc. El miedo se manifiesta en diferentes magnitudes según sea la situación y el grado de riesgo o peligro, sin embargo, no solamente se vincula a lo físico. También existe el miedo emocional, ese que se presenta en nuestra vida cotidiana, como por ejemplo el miedo al fracaso, a salir lastimados de una relación amorosa, a la traición, a no pertenecer a un circulo social, a decir lo que pensamos, a ser juzgados, a no cumplir con las expectativas de los demás, y así podríamos seguir y seguir.

Hay quienes saben controlarse ante estas situaciones de peligro e incluso saben reaccionar ante la amenaza, y hay quienes, por el contrario, se desquician y no saben qué deben hacer. Y tú, dentro de qué categoría entras ¿te consideras una persona miedosa o eres de esos valientes que tienen el control sea cual sea la situación?

Exploremos un poco: ¿qué es el miedo?, ¿qué puede detonarlo en nosotros?, ¿hay forma de controlarlo?

Existen varias razones por las cuales experimentamos esa sensación que, a veces, puede llegar hasta a paralizarnos.  Se cree que sentimos miedo como un mecanismo de defensa, de supervivencia, que nos permite actuar ante situaciones adversas con rapidez. 

Su definición es la siguiente:  “una intensa sensación de angustia,  provocada por la presencia de un peligro, real o supuesto, presente, futuro o incluso pasado.” Es una emoción que surge del rechazo  natural hacia un riesgo o a la amenaza.  Su expresión máxima es el terror.   

Existen varias teorías de por qué sentimos miedo, hay quienes dicen que el miedo es algo aprendido, o quienes dicen que el miedo viene de un conflicto no resuelto. De acuerdo a la teoría de  Sigmund Freud se puede clasificar el miedo en dos tipos: el real y el neurótico.

El miedo real, es aquel que corresponde a la amenaza que sentimos.  Es decir, el miedo es coherente al riesgo al que estamos expuestos.

El neurótico, es cuando la intensidad de éste no tiene relación con el peligro.  En otras palabras, cuando lo imaginamos o magnificamos. ¿Cuántos de nosotros no tendemos a agrandar las cosas? Dicen por ahí que no hay peor enemigo que nuestra mente. Tendemos a ser fatalistas y dramáticos.

Podemos sentir miedo al dolor ya sea físico o emocional, si nos enfocamos al dolor físico podría ser el miedo a lastimarnos, al peligro, o incluso a la muerte. En estos casos, no tenemos el control de la situación lo cual nos genera angustia y ansiedad.  

¿Qué podemos hacer en estos casos?  Lo ideal es no “apanicarnos”, es decir, que nuestra reacción no sea desproporcionada, ya que esto no nos permite evaluar el peligro y buscar alternativas o soluciones. Cuando nos invade el pánico solemos paralizarnos, por lo que se recomienda estar preparados, es decir, tomar medidas preventivas ante los diferentes escenarios que se puedan presentar.   

Por otro lado está el miedo emocional, por ejemplo, el miedo al amor, al desamor, a la soledad, al fracaso, miedo a exponernos socialmente, a la burla, miedo a un ascenso laboral, a un trabajo nuevo, etc. Este miedo se puede enfrentar si nos trabajamos a nosotros mismos, mejorando nuestro autoestima, generando autoconfianza. ¿Cuántas veces no hemos oído que debemos de querernos a nosotros mismos antes que a los demás? Hagámoslo, hay que consentirnos, querernos, valorarnos y creer en nosotros. ¿Te llegó una oportunidad de trabajo y no la tomaste por miedo a no poder con el paquete? Demuéstrate a ti mismo que eres capaz de eso y mucho más. Es obvio que sintamos miedo ante lo desconocido, pero lánzate, ¡no hay nada más gratificante que demostrarte que si puedes!

Otros miedos podrían ser a ciertos objetos y/o a los animales, y éstos, como cualquier otro tipo de miedo, llevados al extremo, se pueden convertir en fobias.

A veces nuestra mente nos hace malas jugadas y tan solo pensar en algo que nos da miedo nos genera ansiedad, y en algunas personas se vuelve una obsesión.  

Cuando tememos a algo, el corazón nos late rápidamente, lo que conocemos como taquicardia, produciendo adrenalina, se nos sube la presión arterial, aumenta la glucosa en la sangre, comenzamos a sudar, estamos alerta, abrimos los ojos, se dilatan las pupilas, nos preparamos para huir o escapar de la situación que nos amenaza.

A continuación veamos cuales son las técnicas de resistencia mental que desarrolló Eric Potterat, psicólogo de la armada norteamericana para enfrentar miedos paralizantes que sufrían los soldados en las guerras

  • Establecer metas: Concentrarse en metas específicas permite que el cerebro ponga orden en el caos y mantiene controlada la amígdala (el centro emocional del cerebro). Tratar de enfocarnos.
  • Visualización: Digamos que es como si hiciéramos un simulacro mental. Eric Potterat dice así: «Si practicas primero en tu mente y luego haces un ensayo de lo que deberías hacer en un momento estresante, cuando tengas que enfrentarte con estas situaciones en la realidad será la segunda vez que lo hayas hecho frente a dicha dificultad, entonces tendrás una reacción de menor angustia».
  • Tener pensamientos positivos. Al generar pensamientos positivos aumenta la posibilidad de éxito para enfrentar las dificultades.
  • Activar el control: Respiraciones profundas, Lo vemos constantemente en el yoga, respiraciones largas, inhalación y exhalación, lleva más oxígeno al cerebro, el cual deja de trabajar apropiadamente por el miedo. Al oxigenarnos, mantenemos el control y nos podemos enfocar en solucionar o actuar ante la amenaza.

Así que, ¡no todo está perdido! Si conoces tus miedos empieza a trabajarlos. Hoy en día existen muchísimas técnicas para ayudarte a disminuirlos e incluso vencerlos.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.